The Semicolon Wars


Una forma de comandar la escritura de un“Hello, world!” en consola para el lenguaje de programación Piet. Créditos: Eliran t, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons

Reflexión

Muy parecido al lenguaje humano, el lenguaje máquina es violento en el sentido de que obliga al sentido de realidad a reconfigurarse dentro de los confines de su semántica y vocabulario. Esto recuerda las palabras del filósofo Ludwig Wittgenstein: Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

 

En efecto, esa reflexión primero nos invita enriquecer nuestra propia jerga lingüística. Leer y escribir para volvernos articulados no es solamente para cultivar una mejor habilidad comunicativa, es también para adquirir una mejor comprensión y perspectiva sobre el mundo que habitamos. Por ello la diversidad es benéfica en todo sentido pues existen los medios suficientes para sumar colectivamente a lo que entendemos de la experiencia humana.

 

El lenguaje en sí es ácido. Dado que por cada acción de lenguaje se abstraen fragmentos de la realidad, hay elementos que no se trasladan y quedan como residuos de esta abstracción: todo eso que no se puede decir fácilmente. Lejos de la determinación maquinaria, los seres humanos somos complejos, contradictorios, y espectrales. Es así que para el humano siempre existirán millares formas de expresarse sobre sí mismo. Y cuando las canciones en el lenguaje ni siquiera son suficientes para realmente expresar nuestra perspectiva, cambiaremos las reglas lingüísticas, inventaremos nuevos lenguajes para precisar nuestro sentido, o abandonaremos enteramente el lenguaje por otros medios. Esta es la fuente de toda nuestra diversidad, y así las reglas y las reformas simplemente no son suficientes. Todo esto implica lo que naturalmente sabemos de los límites: lo interesante no es lo que está dentro de los confines, se trata de las posibilidades de afuera; para el humano, el infinito.

 

Una vez el astrónomo celebre Carl Sagan realizó una observación sobre el carácter legislativo del lenguaje sobre nuestra percepción de la realidad. En su novela Contacto su protagonista hace notar el conocimiento social casi de facto sobre la palabra y el significado de Misoginia: el odio de los hombres contra la mujer. En contraste, ¿qué palabra se emplea para decir lo contrario, el odio de las mujeres en contra del hombre? Quizá se conozca más esta primera palabra que la alternativa porque es más fácil imaginarnos el odio del hombre en contra de la mujer que el de la mujer hacia el hombre: un reflejo de nuestros prejuicios. Siguiendo aún más con ejemplos, actualmente se está proponiendo el uso de un lenguaje inclusivo de los géneros, e incluso de un lenguaje sin género, para facilitar la comunicación e imaginación de nuevas formas de vida; de una vida, por ejemplo, fuera de las heteronormatividades binarias de lo masculino y lo femenino, o de al fin concebir la idea de una presidenta. De esta forma el lenguaje, o es nuestra cadena, o es nuestra libertad. Cadena porque sin la evolución del lenguaje no podemos transformar las posibilidades del presente. Libertad porque si permitimos que el lenguaje cambie y se adapte a la infinidad de las realidades humanas tendremos un mayor entendimiento sobre qué es ser humano y nuestro lugar en el universo.

 

Contrario a la perspectiva purista del lenguaje, de aquellos que ven virtud en la absoluta rendición de nuestro pensamiento a reglas y racionalidad, tal vez noble en intenciones, es que, de nuevo, no somos determinísticos. Igual que existe virtud en ser consistente en nuestras acciones e ideas, existe también en nuestro don humano de desafiar la condena de predicción, destino, hacia nuestro valor y comportamiento, nacientes de nuestra historia y contexto, por medio de una emoción profunda por lo que debería ser. Quién debo de ser; cómo debe de ser el mundo. Lo que permite a una persona (y por extensión sociedades) romper un tóxico ciclo vicioso de coherencia, por ejemplo, para abandonar una adicción, cambiar actitudes, buscar perdón, admitir amar, es por una añoranza por el cómo debería ser la vida.

 

Al ser máquinas determinísticas, siempre coherentes consigo mismas, no son capaces de cambiar independientemente su lenguaje. Por esto, hasta ahora quienes únicamente pueden cambiarlo somos nosotros. Pero para cambiar un lenguaje debemos reconfigurar nuestra perspectiva de la realidad. ¡Bienvenida sea aún más la diversidad! Si algo falta en nuestra área es más perspectivas ya que la inmensa mayoría de estos lenguajes se escriben, el inglés los somete, y sus propósitos son la resolución de problemas. Nos falta arte: ¿Qué tal si un lenguaje de programación se describiera por otras expresiones, como el pintar en Piet (ver imagen adjunta), y no se condenara e ignorara en una actividad esotérica? ¿Y si programáramos no por una urgencia de resolver, sino por un deseo de crear por crear? Falta inclusión: ¿Y si escribiéramos en otros lenguajes, como en español y hasta en mongol y en señas?


Si queremos escapar de nuestros vicios hacia otras posibilidades, otros mundos, otros lenguajes, es necesario el cambio propio en la perspectiva de la realidad. Hasta ahora, somos los únicos capaces de sobrescribir destinos encarnando y abrazando el anhelo por la sociedad que debemos ser, y la forma de lograrlo es por un reconocimiento de que todo lo que somos no es ley ni es lo único que seremos: aceptar y vivir nuestra infinitud.

Comentarios